eco1El crecimiento económico de la segunda economía más grande del mundo lleva dos años perdiendo velocidad de forma constante, con una tasa del 7.7% en 2013 y del 7.4% en 2014, siendo este último su nivel de crecimiento más débil en 24 años. La República Popular China ha llegado a tal punto de desarrollo en infraestructura proveniente de inversión estatal, que hoy su crecimiento ha cambiado de rumbo y apunta hacia la demanda interna, es decir, al consumo e inversión doméstica. Así, el crecimiento de la economía china no dependería del propio Estado, sino de la población. A esto se suma la persistente debilidad del mercado inmobiliario y la lucha contra las deudas empresariales, que estarían haciendo más difícil que China alcance los niveles de crecimiento de años anteriores.

La preocupación de los líderes chinos, causada por la desaceleración económica registrada en los últimos meses, se ha visto reflejada en las medidas de política monetaria tomadas por el Banco Central de la República Popular de China, para inyectar liquidez en su economía e impulsar el consumo y la inversión. A fines de febrero, el Banco Popular Chino (como también se le conoce al Banco Central) anunció una rebaja en las tasas de interés de los préstamos a un año y de las tasas de depósitos a un año en los bancos comerciales, a un 5.35% y un 2.5%, respectivamente. Por otro lado, hace pocos días, con el objetivo de apoyar la economía rural y las pequeñas empresas, el Banco Popular Chino anunció la reducción de la tasa de encaje en 100 puntos básicos, a un 18.5%, lo que permitiría la liberación de 1.2 billones de yuanes de liquidez (alrededor de US$ 194 millones).

Un recordaris

A inicios de 2014, distintas entidades de nuestro país estimaron, de forma optimista, una tasa de crecimiento para nuestra economía por encima del 5%. Se creía que esta se recuperaría del 5.02% registrado en 2013, a partir de una serie de factores como el impulso del sector minero, una intensa inversión pública y la recuperación progresiva de la economía mundial.

Específicamente, el exministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla, sostuvo que a pesar de una “hipotética” caída de la economía China, la economía nacional dependería de la evolución de este país asiático y de los países desarrollados, voraces consumidores de minerales que el Perú provee. Esta vulnerabilidad y alta exposición a choques externos provenientes de las economías más grandes del mundo, se debe a la dependencia de las exportaciones tradicionales y sobre todo de los precios de los commodities, directamente relacionados con la demanda china.

Sin embargo, todo lo que se pensó a inicios de 2014 fue puro aire, pues China se desaceleró aún más y, debido a la baja de los precios de los commodities, los envíos al país asiático no fueron suficientes para impulsar positiva y significativamente nuestro PBI. Además, la minería no logró ser el motor de crecimiento esperado, pues muchos proyectos no se llevaron a cabo por causa del terrorismo antiminero y las protestas sociales que vinieron con este, además de la pasividad del Estado para proteger y garantizar las inversiones en el sector y los contratos firmados.

Por otro lado, de acuerdo con la experiencia previa, ha quedado demostrado que la solución a las protestas sociales en nuestro país no es el diálogo, pues para que este sea exitoso se necesita que ambas partes estén bien informadas y tengan la disposición de llegar a un acuerdo que apunte al bienestar nacional, algo muy distinto a lo que se ha venido dando. Los actores que se oponen a la minería guardan intereses particulares muy alejados del bienestar y desarrollo de nuestro país, es por eso que llegar a un acuerdo resulta casi imposible.

¿Así queremos crecer más del 4% este año? Se viene diciendo, una vez más, que los motores del crecimiento en 2015 serán la minería y el desempeño económico del mundo; sin embargo, de las grandes potencias, EE.UU. es la única que viene recuperándose. Por lo visto, basar la solución del problema, originado por el estancamiento de la inversión privada, en la creación de mesas de diálogo no nos va a conducir a ninguna parte. Lo que se necesita urgentemente es una política de Estado que fomente el cumplimiento de la ley.

El artículo 315 del Código Penal dice: “El que, en una reunión tumultuaria, atenta contra la integridad física de las personas y/o mediante violencia causa grave daño a la propiedad pública o privada, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de seis ni mayor de ocho años”. Si se ejecutara la ley de la manera correcta, podríamos lidiar con el terrorismo antiminero y, probablemente, culminar estos conflictos de manera más rápida, concreta y con mayor determinación, pues la posesión ilícita de armas, la violencia y el asesinato son situaciones que el Estado no debería pasar por alto. Así, es momento de que el Gobierno demuestre para qué fue elegido y aproveche la única oportunidad que tenemos para alcanzar un crecimiento apto, pues depender plenamente de la evolución económica del mundo nos podría jugar una mala pasada otra vez.

 


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