A pesar de saber que la injustificada suspensión de la emisión de permisos fitosanitarios de importación de fibras e hilados de algodón procedentes de la India le causa un daño terrible a la industria textil y confecciones, especialmente a las pequeñas empresas, hace unos días, el Ministerio de Agricultura (MINAG) hizo llegar al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el Ministerio de Comercio Exterior (MINCETUR) y el Ministerio de la Producción(PRODUCE) una propuesta para elevar el arancel aplicado ¡¡hasta el 30%!! a cerca de 300 partidas de toda la cadena del algodón, textiles y confecciones.
Dicha iniciativa se argumenta en la situación actual que atraviesa la producción de algodón nacional y el incremento de las importaciones de fibras e hilados de algodón que estarían ingresando con precios de competencia desleal. Es decir, una arremetida contra el sector textil y confecciones basada en problemas estructurales y comerciales propios del sector, y que va contra la política de apertura e integración comercial que tan buenos resultados nos ha traído en los últimos años.

Situación algodonera: Una industria jala a la otra. P entonces Q.
El primer argumento del MINAG se basa en que “mientras que la producción mundial escaseaba y los precios alcanzaban picos máximos, en el Perú la producción de algodón tocaba piso como consecuencia de una serie de problemas estructurales y comerciales, lo cual impidió que los algodoneros peruanos pudieran sacar provecho de los elevados precios experimentados por otros países productores”. Veamos lo que sucede en el contexto nacional:

El Perú es un país algodonero por tradición. Lamentablemente, trasla ReformaAgrariade 1969, vio mermada su competitividad y producción. Según cifras dela FAO, se observa que mientras en la década de los sesenta la producción y la superficie cosechada promedio fueron de 339 mil toneladas (t) y 218 mil hectáreas (ha), respectivamente, en el período 2000-2009 fueron de 164 mil t (-52%) y 77 mil ha (-63%).

Evidentemente, el algodón forma parte indispensable de la cadena productiva del sector textil-confecciones, el cual representa alrededor del 15% del PBI manufacturero, el 2.5% del PBI y, además, es uno de los más dinámicos en lo que respecta a exportaciones: US$ 361.4 millones en textiles y US$ 1,201 millones en confecciones durante todo el 2010. Estas últimas han crecido a una tasa promedio anual del 10% desde el año 2000.

Siendo el último eslabón de la cadena, el sector textil-confecciones necesita una provisión continua e ininterrumpida de algodón. Sin embargo, la producción algodonera es insuficiente para satisfacer la demanda del sector, razón por la que se recurre a las importaciones, las cuales son duramente criticadas y perseguidas por un grupo de interés que, más allá de buscar una solución sostenible para su sector, pone en riesgo la reforma comercial y la apertura al mundo por la cual se ha trabajado intensamente en los últimos 20 años.

El segundo argumento tiene relación con las importaciones de hilados de algodón. Este señala “como un antecedente preocupante el pronunciamiento de INDECOPI que se describe en el Informe Técnico Nº 043-2009/CFD-INDECOPI del año 2009, que verifica la existencia del daño grave a la producción nacional de hilados de algodón debido al abrupto incremento de las importaciones del mismo producto procedentes de la India y propone invocar una Medida de Salvaguardia General…”. La verdad es que la búsqueda de una salvaguardia (una medida política de simple y clara protección de la competencia internacional) ya parece una política del Ministerio de Agricultura, que lo que debería estar haciendo es mejorar la productividad y resolver los problemas de fondo de su sector.

El MINAG ha “olvidado” mencionar que la comisión integrada por el MEF, MINCETUR y PRODUCE, que evaluó dicho informe, consideró que este carecía de información suficiente que demostrara fehacientemente que el hilado de algodón nacional y el importado constituyen productos similares o directamente competidores. Vale decir, los tres ministerios involucrados consideraron que el informe no demostraba la necesidad de aplicar la salvaguardia solicitada.

Política comercial en tiempos de crisis y resultados de la apertura
En tiempos de políticas proteccionistas, con aranceles elevados y muy diferenciados según sectores “privilegiados”, la industria no lograba despegar y registraba incluso caídas en su PBI. Algunos grupos industriales se conformaban con un mercado interno cautivo, que tenía que aguantar altos precios y baja calidad. Ello también desmotivaba la exportación y el competir en los mercados globales.

Con la apertura comercial, desde los años 90, la industria manufacturera ha crecido y se ha diversificado, con productos que brillan a nivel internacional. Así, con un promedio arancelario ya relativamente bajo (5%), en el 2008 la producción manufacturera no primaria creció un 8.9% y, tras un año de crisis global, creció un 16.9% en el 2010.

En resumidas cuentas, las reducciones arancelarias se dieron en pos del bienestar de las familias y consumidores peruanos. El manejo arancelario debe responder a una visión de largo plazo, de fomento de la competitividad de la economía en general, más que a problemas netamente coyunturales.

Estrategia del “cargamontón”
Ciertos sectores del Ejecutivo y el Legislativo parecen jugar en pared. Y el objetivo sería minar (¿MINAG?) los acuerdos comerciales firmados por el país, en busca de su incumplimiento, ya que no sería bien visto oponerse directa y abiertamente. Asumimos que, con actitud responsable, el MEF, PRODUCE y el MINCETUR (defensor de la política comercial) se opondrán y denunciarán estos intentos.

En búsqueda de la consistencia
Ahora bien, si el objetivo de la iniciativa es asegurar la productividad del sector algodonero, no entendemos por qué el MINAG no alza su voz de protesta frente a la aplicación de la moratoria al ingreso de transgénicos al país: De acuerdo con el Dr. Marcel Gutiérrez, director del Laboratorio de Micología y Biotecnología dela Universidad NacionalAgrariaLa Molina, el algodón transgénico posee resistencia a insectos perforadores de bellotas; ocupa millones de hectáreas en EE.UU., China, India, Argentina, Grecia, Colombia; disminuye los costos por el menor uso de pesticidas en hasta US$ 500 por hectárea y mejora del medio ambiente. Esta alternativa podría representar una alternativa de solución sostenible a los problemas estructurales y comerciales de los que el MINAG se queja.


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