El 14 de marzo último, se presentó en Ciudad de México el Reporte del Desarrollo Humano 2013 (HDR 2013, por sus siglas en inglés) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este documento hace un seguimiento al Índice de Desarrollo Humano (IDH), medida que integra variables claves para el progreso en el largo plazo, alternativas a las netamente económicas (PBI, balanza comercial, consumo, desempleo, etc.), las cuales se resumen en tres aspectos básicos del desarrollo humano. El primero, disfrutar de una vida larga y saludable, a través de la esperanza de vida al nacer. El segundo, disponer de educación, a través de la media de años de educación y la esperanza de escolaridad al nacer. El tercero, tener un adecuado acceso a bienes, a través del ingreso familiar per cápita. A continuación, examinaremos lo que nos dice este índice y cuáles son los puntos en los que debemos enfocarnos.

¿El indicador mejoró?

Una de las novedades que se presentan a partir del HDR 2010 es la nueva metodología usada para calcular el IDH. Por la misma razón, debemos ser cautelosos en la lectura y comparación de la evolución del índice, además de que el PNUD advierte que cualquier cambio a nivel del tercer decimal de todos los indicadores debe ser estimado como insignificante. El desempeño de cada componente se expresa con valores entre 0 y 1. El PNUD clasifica los países en cuatro grupos de desarrollo humano (47 en los tres primeros y 45 en el último): muy elevado, elevado, medio y bajo. En su informe del 2013 (elaborado con información hasta el 2012), el PNUD estima que el índice para Perú en el 2012 fue de 0.741 (lo que nos coloca en el grupo de países con “alto desarrollo humano” por segundo año consecutivo), ligeramente superior al 0.738 anterior. Asimismo, nos sitúa en el puesto 77 de los 186 países evaluados, con lo que escalamos tres posiciones respecto del reporte anterior. Pero, tomando en cuenta las precauciones iniciales, ¿estamos mejor o peor? ¿En qué campo hemos progresado más? ¿En qué deberíamos concentrar nuestras políticas para mejorar?

El reporte resalta que en la región sur se ha evidenciado un rápido desarrollo. Con el paso de los años y paulatinamente, la brecha entre el ingreso de sus naciones se está reduciendo gracias a las cooperaciones sur-sur, las políticas de pobreza y al hecho de que la región se ha situado como la mayor plaza de inversiones en el globo. Sin embargo, a pesar que el Perú ha sido parte de este despliegue regional, todavía sigue por debajo del promedio latinoamericano. Por ejemplo, tanto Chile (0.819) como Argentina (0.811) nos superan significativamente. Esto se ratifica claramente cuando analizamos el progreso de los componentes del IDH peruano: entre el 2000 y el 2012, el índice del ingreso nacional bruto per cápita aumentó un 72%, la esperanza de vida al nacer registró un avance del 5.2%, la esperanza de escolaridad para menores progresó un 1.5% y la escolaridad media entre los adultos aumentó un 13%. Vale recalcar que, respecto al rubro de educación, el PNUD solo cuenta con data hasta el 2010. Es decir, no se ha mostrado un progreso marcado en temas de salud y educación, sin contar que esta es una cifra promedio –en tanto potencial–, ya que dichos indicadores deben ser corregidos por la desigualdad que se presenta a través de las regiones.

¿Desarrollo o desigualdad?

Para poder incluir el factor de desigualdad en el IDH, el PNUD descuenta cada una de las tres dimensiones que componen al índice, tomando en cuenta los niveles de desigualdad respectivos en sus correspondientes países. En el caso del Perú, para el 2012, el porcentaje de descuento del IDH como producto del ajuste de desigualdad es del 24.3%. Si descomponemos esta merma en sus distintos factores, observamos que el indicador de expectativa de vida al nacer cae un 14.8%, el de educación un 24.6% y el de ingresos per cápita un 32.5%. Ante esto, alguien podría lanzar la hipótesis de que el gran obstáculo por el que no alcanzamos nuestro desarrollo potencial es la inequidad en la distribución de ingresos y que deberían aplicarse medidas redistributivas. Pero no hay nada más alejado de la realidad que eso.

Como ya lo mencionamos, el PBI per cápita muestra productividad y, en este caso, debemos entender que aquellos con mayores ingresos han realizado un persistente trabajo al integrar capital físico y humano en sus procesos productivos para ser más competitivos. Esto se ha reflejado en la productividad de aquellos que se han sumado al dinamismo del mercado y los que aún siguen sumergidos en la autosubsistencia y la informalidad. Por ello, el Estado debe actuar de la mano de agentes de gran capacidad de inversión, en materia de distribución de capacidades humanas, motor de la economía del conocimiento, para disminuir las brechas de productividad mediante el subsidio y la oferta de educación y formación permanente.


Síguenos:

Se autoriza la difusión y reenvío de esta publicación electrónica en su totalidad o parcialmente, siempre que se cite la fuente de enlace : http://www.comexperu.org.pe/semanario.asp

Ingresar su correo electrónico

Únete a otros 22 seguidores


A %d blogueros les gusta esto: